Zohran Mamdani, Estrella Inesperada en la Semana Grande de la ONU
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Tiene 34 años y una cortísima experiencia política, pero también un indiscutible carisma que ha conquistado incluso a Donald Trump. Una oratoria impecable y un dominio del mensaje y la narrativa audiovisual en la era de las redes sociales han convertido a Zohran Mamdani, alcalde de Nueva York, en uno de las estrellas del progresismo internacional. La siguiente generación tras los Lula Da Silva o Pedro Sánchez, con más fuerza y proyección que figuras icónicas recientes, como la finlandesa Sanna Marin o la neozelandesa Jacinda Ardern.

Mamdani es esta semana uno de los protagonistas destacados e inesperados de la Asamblea General de Naciones Unidas, sin necesidad de poner un pie en ella. Hay más de 140 jefes de Estado y de Gobierno, príncipes y ministros en la ciudad, pero en las filas de la izquierda no se escatiman esfuerzos para lograr una reunión, una foto, un abrazo con el hombre del momento. Mamdani se ha convertido en pocos meses en el rostro más visible y reconocible del nuevo progresismo internacional. Más allá de los cinco Boroughs de Nueva York, su nombre es ya sinónimo de una izquierda joven, combativa y conectada con las preocupaciones materiales de una generación abrumada por el precio de la vivienda, el coste de la vida y la desigualdad. Muy ideologizada, con un fuerte componente identitario también y enormes problemas de coherencia en el detalle, sobre todo en política internacional. Pero aun así, creciendo.

Cuando hace menos de un año se impuso en las elecciones municipales de la ciudad más grande de EEUU los analistas consideraron que era un 'cisne negro', una anomalía o un capricho sólo posible entre los ricos burgueses de la Costa Este. Desde entonces, sin embargo, candidatos de los Socialistas Democráticos de América, una fuerza minoritaria y residual, se han impuesto en primarias y elecciones por todo el país y ocupan un espacio nuevo. "Es una rock-star y ha cola para verlo es eterna", apunta una fuente diplomática. "Sigue en su fase de luna de miel, sin desgaste, en la cresta de la ola y las encuestas. Es inevitable que en algún momento sufra pero estamos ante un animal político con mucho desarrollo por delante", apunta un político europeo que lo ha tratado estos días.

Parte de su atractivo reside precisamente en la combinación de política e identidad cultural. Mamdani está enfocando su mandato en la gestión, políticas públicas efectivas, rápidas. En resolver preocupaciones muy concretas de los vecinos, desde alimentos y viviendas a agujeros en la calle y farolas estropeadas. Con un lenguaje directo, fresco, una fuerte presencia digital y una comunicación capaz de convertir debates complejos en mensajes fácilmente reconocibles. "En la ciudad de Nueva York, ciertas palabras o frases han adquirido connotaciones ideológicas. La calidad de vida se ha convertido en una preocupación de la derecha. La eficiencia, al igual que la lucha contra el fraude y el despilfarro, se ha convertido en una preocupación de la derecha", dijo este lunes en una Cumbre de Alcaldes. Y eso, explicó, lleva al derrotismo y la derrota.

Poco después recibió al presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, al propio Donald Trump y desayunó ayer con Pedro Sánchez, el portugués Antonio Costa, presidente del Consejo Europeo, y la primera ministra de Barbados. En Berlín, la dirigente de Die Linke Elif Eralp reconoció que en el éxito electoral de los suyos la semana pasada, Mamdani había sido una inspiración importante para su campaña. La vicepresidente española, Yolanda Díaz, vino en julio a conocerlo después de haber instado a los europeos a "hacer un Mamdani", esto es, "una alianza que tiene que ser democrática, que es de época, y vamos todos y todas y compartimos agendas globales (...) Nosotros, más todas las fuerzas progresistas europeas, más las norteamericanas, más las africanas... O compartimos un programa de mínimos común o no vamos a ganar", dijo en un acto en Lisboa.

Las posiciones del alcalde generan, naturalmente, fuertes controversias y críticas. El socialismo sigue siendo tema casi tabú en buena parte de EEUU, casi igual que el apoyo a Palestina en política. Él es el rostro amable de una nueva oleada de políticos, pero muchos otros tienen declaraciones explosivas, comentarios indefendibles, un pasado de activistas incompatible en la política estadounidense hasta en la era de Trump. Estos días, por ejemplo, el alcalde ha pedido la detención de Benjamin Netanyahu cuando venga a la ONU, y el Gobierno israelí ha respondido que quien debería estar en prisión es él. Pero es esa capacidad para provocar conversación, entusiasmo y rechazo, la que ha revitalizado al progresismo, la fuerza más pujante dentro del Partido Demócrata.

Trump, que estuvo el lunes con él también en Gracie House, tiene una relación sorprendente con él, un bromance según los medios. Se escriben, se ven y aunque defienden cosmovisiones antagónicas en todo, se llevan bien. Algo especialmente problemático para los republicanos, pues la agenda de su partido de cara a las legislativas de noviembre se sustenta estos días sobre un lema: "sentido común frente a comunismo". Pero es complicado asustar con el empuje de los socialistas democráticos de América mientras sonríe y bromea en público con su figura más emblemática.

Su Origen

Hijo de una cineasta y un académico, Mamdani es africano de ascendencia india, musulmán chií, propalestino, ciudadano estadounidense solo desde 2018, y antes de dedicarse a la política llegó a intentar ganarse la vida como rapero. Antes de la alcaldía (el más joven de Nueva York desde 1892 y el primer musulmán 25 años después del 11S) fue legislador de la Asamblea Estatal de Nueva York por el distrito de Queens, y se define como socialista demócrata, con el respaldo explícito de figuras consolidades como el senador Bernie Sanders o emergentes, como la congresista Alexandria Ocasio-Cortez, que duda estos días entre buscar un puesto en la cámara alta en 2028 o buscar la presidencia del país.

La campaña socialista se centró en promesas como transporte público gratuito en autobuses locales, economatos de propiedad pública y un congelamiento de las rentas (protegidas), financiado todo con subidas de impuestos a las grandes corporaciones y a las rentas más altas. Y funciona. "Para mí, calidad de vida es baches, badenes, un árbol en tu manzana. Si la política no puede funcionar en el barrio en el que vives, ¿por qué confiar en que funcionará en cualquier lugar de la ciudad? Las preocupaciones más pequeñas son a menudo las más importantes, porque ahí es donde se pueden construir los primeros bloques de confianza y fe con un elector, fe en que este Gobierno podría de alguna manera ser un poco diferente de los que los precedieron. Por eso los servicios de cuidado infantil o pavimentar 1.000 kilómetros de carreteras. Si ante un ejemplo de desorden social o ineficiencia la izquierda se niega a explicar por qué sucedió o cómo lo solucionarán, entonces la derecha señalará a alguien", concluyó.

La izquierda global tiene algunos referentes clásicos, otros de alcance limitado, pero está huérfana de figuras realmente icónicas. Alguien como Obama, bueno más con la palabra que con los hechos, pero capaz de inspirar, activar y llevar a las urnas a quienes están desencantados. Mamdami, por ahora, es sólo un alcalde estadounidense. Pero uno capaz de emocionar a una sala llena de españolas hablando de García Lorca, de Córdoba o del Real Oviedo.